Lonkopang y su despedida imaginaria.

9 Abr

Lonkopang nació inerte, liso, pequeño y enorme. Murió roto. Cruel transformación; mutación al capricho humano. Quiso tomar forma de un impreso tras el golpe de un martillo de una tecla. Fue una nota, un folio, fue una letra tras otra. Fue tu idea, la mía y la suya. Mi desconocida imaginación, fue perfecta por un garabato, un enfado; un error. Fue silencio en la melodía perfecta, fue una sonrisa, un te quiero con el corazón, una ruptura y su lagrima, fue sueño y suspenso. Tal vez fue un avión estrellado con un solo pasajero, fue un recuerdo inolvidable y un olvido constante. Fue mi voluntad inerte que le hizo ser todo, me obliga a deshacerme en nada. Fue el amor afinando cada nota, sin tiempo para interrupción. Fue un largo trago ansiado, fue un riesgo innecesario. Exploto. La vida, hoy, es su vida.

¿Cuanto debe durar mi despedida imaginaria? De las que terminan con preciosos besos. de las que cuando despego mis labios de los suyos duele, porque le miras a los ojos y ves como te golpea la pena en el estomago. Y de pronto los dos cuerpos se separan lentamente, y el calor que nos estábamos regalando desaparece. Corre el aire entre los dos, y entonces decidimos volvernos a abrazar y besarnos. El calor de mis labios y de los suyos se funde. El tacto de los dos; la fricción y su sabor se mezclan. El placer crece y la despedida se eterniza.

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