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Una cebolla, dos lechugas y tres tomates…

4 Dic

Camina despacio cuando su corazón cojea. Las aceras parecen escaleras, evita pisar el gris de la carretera. Se siente protegido por el paso de cebra. Deja detrás unos cuantos ladrillos, su recorrido dibuja baldosas gastadas. Idéntico a diario.
La respiración cojea cuando le devuelve tres diminutas monedas a cambio de una cebolla, dos lechugas y tres tomates. Dibuja su gesto serio tras la báscula. Sus ojos afilados, penetrantes y oscuros cuando le mira. Tímida con la huella dactilar de su idioma extranjero. Los minutos se congelan, empuja la impaciencia; cinco minutos después regresa a casa con sus pesados pies. La nevera sonríe y amontona sin uso, ni espacio para la cebolla, las lechugas y los tomates.

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Día Plof…

15 Oct

Hoy tengo un día como si el pito me colgara como una escalera de hielo y derretida, de fresa y limón, y con forma de caracol, flácido, y hasta las rodillas. No es por verte, es por no amarte. Hoy tengo un día como si las orejas fueran un cruasán sin cuernos, donde luce la infidelidad; duele y desangra la conciencia. Hoy tengo un día ‘plof’, como si saltara descalzo sobre un charco de clavos finos y afilados, el agua roja salpica. Escondo el ritmo de mi respiración. Hoy tengo el día mierda, marrón, blanda y dura, oscura y deshecha, pisada, rota, fea, maloliente y pegada. a la suela de mis zapatos inexistentes. ¿Te quiero? Hoy te asesino porque espero resucitar mañana

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Única risa; tuya, mía, nuestra, vuestra; la risa

20 Sep

Ella mordía dos rodaja de sandía y reía ríos de fresa mientras los hilos del verano desaparecían tras el viejo limonero. Él soplaba las velas con la nariz, mientras hundía la risa de sus dientes en la densa nata de su tarta de chocolate. Nadie detenía la carcajada en un juego en el que los pies resbalaban en la arena de una playa al intentar esquivar las manos en busca de la caza. Ellos empapaban las sábanas mientras gritaban abrazados en un solo aliento el placer de sus exhaustas risas. Saltaron aullando como locos. Parar sin descanso volar sobre lo que ya era una única risa; su risa; tu risa; mi risa; nuestra y vuestra risa; la risa.

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Tres minutos y asumo el roto.

29 Jul

La silla en el tejado nunca pierde el equilibrio. La ausencia en el cielo se dirige sin agua. Sin vértigo, La madera inclinada, escondo la mirada en un ritual idéntico cada mañana de sábado; una escena sin cortes ni errores. Una melodía, tras una duda, susurrar sin importar cuánto sople el viento. A tres metros, lejos, instrumentos y letras maestras. Alarga su sonrisa lentamente en la mansa escucha, cuando le abofetea, desafina, agoniza y calla. Aquel silencio mueve su cuello y engrandece sus ojos. Me recuerda al funeral de mi padre, tan drástico, inesperado, y surrealista con aquella caja sobre el altar con forma de pez. Horas de sus dedos vivos, durante demasiados años, entre las sombras que trazaba la bombilla del desván. Paradojas del ser humano. Al silencio actual le falta oscuridad. Mudo, sin un abrazo que me ayude afrontar el fin inesperado.

La realidad es demasiada altura en el accidente. Niebla y mareo en su cielo vacío. El dolor a tres pasos es inalcanzable. El miedo es la rutina rota, como el que lloró mi padre el día que besó la piel fría de mamá en aquella pecera de madera. abrazó, los dos lloraron y nadie dijo una palabra. Él ahora, en lo alto de aquella silla, mudo y sordo, necesitaba ese abrazo.

Necesito tres minutos y asumo el roto. Y sin él, oigo la silla desequilibrarse, rodar y caer al vacío. Secuelas de lo inesperado. Abro cajas de rodillas, en gesto de súplica. Pego la oreja al altavoz buscando un ápice de respiración. Tiro con suavidad extrema; como quien trata de salvar a su hijo de un centrifugado de la lavadora tras el estúpido olvido en el bolsillo vaquero. Sin sangre, la herida es considerable.

Muerdo un hielo que guardaba en la nevera para apuros insuperables. Lo sostengo entre los dedos. El frío me relaja. Cierro los ojos para desaparecer ante cualquier distracción. Ha dibujado un círculo en la razón, dónde he colocado los recuerdos. El tira con suavidad la melodía, pero el sonido desenredado está roto. Estira, observa y yo recuerdo la última escucha. La canción estaba rota en el minuto dos.

Los dientes blancos circulares bailan en su dedo índice. Demasiados sábados en el tejado. La melodía estrangulada necesita un corte perfecto. Perderá tres segundos, cinco tal vez. Me subo los calzoncillos que me colgaban de los tobillos y ni siquiera se preocupa de la desaparición empequeñecida de su labor. Intentó vaciarme para vencer la tristeza.

De pie, gotea el hielo entre mis dedos. Observa la cicatriz. Es un brillo en el vértice marrón. El dedo gira, recoge y desaparece. Aparente normalidad recuperada.

La nueva silla en el tejado tiembla demasiado. Yo nunca pierdo el vértigo. Nunca desaparece. La melodía rompe la magia en el minuto dos.

Una vez mas.

11 Jul

En primer lugar dar las gracias a todos aquellos que habéis seguido el blog hasta el día de hoy. Después de tres meses sin escribir, ni publicar y un libro a media tinta. Vuelvo con unas gotas de reflexión surrealistas y realistas, sin disfraz y nada que esconder os espero el día lunes 30 de Julio.

Maletas sin destino (aprieta con fuerza y volemos sin ensayos)

12 Abr

Las maletas estornudan al caer. Algunas cajas pesan más por los recuerdos que por el infinito material. La decisión es una sonrisa nerviosa y llena de dudas que viste una fabulosa valentía. Vaciar para llenar y con el equipaje completo, nada alrededor y todo por inventar.

Necesario doblar la ropa con destreza, tirar recuerdos, donar regalos, devolver objetos prestados y cerrar el libro que tantas veces escribí en esta habitación. Nada conmigo porque apenas encontré que guardar. Solo queda, quizás, llegar.

El adiós es un golpe seco al cerrar, cuando cierras por fuera los recuerdos; irremediable paso sin arrepentimientos. Sumergidos en un silencio de eterna incomodidad. Antes. Imagino el vacío de las paredes, es un eco lleno de nostalgia. El cielo, el mío, el nuestro y un día también el tuyo. El que me vigilo tantos aciertos y errores, hoy mudo, casi no llueve.

El avión es un barco de papel que desfilará veloz por las vías del tren; tiene un maletero perfecto en este viaje limitado. Compañeros anónimos de viaje con destino desconocido. La brújula, el reloj y mi corazón asustado. Mapas de carreteras sin rayas de tu mirada. Agárrate fuerte, salta al vacío, y no caigas. Acelera, hasta que la ciudad desaparezca.

Mírame una vez más y aprieta mis dedos con fuerza y echemos a volar sin ensayos. Detén el pensamiento, levanta el telón para dar paso a los dos.

 

Lonkopang y su despedida imaginaria.

9 Abr

Lonkopang nació inerte, liso, pequeño y enorme. Murió roto. Cruel transformación; mutación al capricho humano. Quiso tomar forma de un impreso tras el golpe de un martillo de una tecla. Fue una nota, un folio, fue una letra tras otra. Fue tu idea, la mía y la suya. Mi desconocida imaginación, fue perfecta por un garabato, un enfado; un error. Fue silencio en la melodía perfecta, fue una sonrisa, un te quiero con el corazón, una ruptura y su lagrima, fue sueño y suspenso. Tal vez fue un avión estrellado con un solo pasajero, fue un recuerdo inolvidable y un olvido constante. Fue mi voluntad inerte que le hizo ser todo, me obliga a deshacerme en nada. Fue el amor afinando cada nota, sin tiempo para interrupción. Fue un largo trago ansiado, fue un riesgo innecesario. Exploto. La vida, hoy, es su vida.

¿Cuanto debe durar mi despedida imaginaria? De las que terminan con preciosos besos. de las que cuando despego mis labios de los suyos duele, porque le miras a los ojos y ves como te golpea la pena en el estomago. Y de pronto los dos cuerpos se separan lentamente, y el calor que nos estábamos regalando desaparece. Corre el aire entre los dos, y entonces decidimos volvernos a abrazar y besarnos. El calor de mis labios y de los suyos se funde. El tacto de los dos; la fricción y su sabor se mezclan. El placer crece y la despedida se eterniza.